¿QUIÉNES SOMOS LOS MARISTAS?

Los Hermanos Maristas fuimos fundados por el sacerdote francés Marcelino Champagnat. Nuestro Fundador nació en El Rosey, municipio de Marlhes, de la comarca rural del sur de Francia, cercana a la ciudad de Lyon, el 20 de mayo de 1789 y murió el 6 de junio de 1840, en la casa llamada L`Hermitage, construida por él y sus Hermanos. Fue beatificado por el Papa Pío XII el 29 de mayo de 1955 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 18 de abril de 1999, en el año centenario de la llegada de los primeros Hermanos Maristas a México.
A pocas semanas de su nacimiento, estalló la famosa Revolución Francesa que tanto influiría en Francia, Europa y el mundo de entonces. Marcelino fue el penúltimo de diez hermanos. Ingresó al seminario cuando tenía 16 años y fue ordenado sacerdote a los 27 años. Su primer campo de trabajo fue la parroquia de La Vallá. Se encontró ahí con una lacerante marginación educativa, de pedagogía deficiente, de ignorancia religiosa y de profesores mediocres, que, unida a su entrañable amor por los niños y jóvenes, lo motivó a concebir un proyecto ambicioso: fundar una comunidad de educadores que dedicaran su vida y todas sus energías a trabajar en atender a los niños y jóvenes procurando hacer de ellos buenos cristianos y ciudadanos responsables. La intención de Marcelino fue la de formar Maestros Cristianos, religiosos, consagrados de tiempo completo a la educación de niños y jóvenes. De ahí que siempre descartó la idea del sacerdocio en su Congregación. Los Hermanos Maristas somos religiosos laicos, no clérigos, es decir, ninguno de nosotros aspira al sacerdocio. Desde el principio sabemos que ser Hermano Marista pide tiempo completo, por eso, el sacerdocio no entra en nuestras miras.

La finalidad de nuestro Instituto la expresan sus Constituciones de la siguiente manera: Seguir a Cristo, como María. Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar. Educar cristianamente a los niños y a los jóvenes, en especial a los más desatendidos (Constituciones, 2 y 3).

Compartió su inquietud con varios jóvenes campesinos, a quienes fue transmitiendo este ideal, y así nacieron los Hermanos Maristas el 2 de enero de 1817. Colocó la naciente congregación bajo la protección de María, a quien gustaba invocar como la Buena Madre.

Desde los tiempos de la Valla y el Hermitage, muchos hombres y mujeres, Hermanos y Laicos, jóvenes y adultos se han sentido atraídos por la rica personalidad y el carisma de Marcelino Champagnat identificando su vocación con esta manera de continuar la misión de Jesús. Y es que todos los que hemos compartido la misión Marista, quienes trabajamos en hacer realidad los sueños e ideales de Marcelino, seamos Hermanos, educadores laicos, animadores juveniles, colaboradores en actividades o movimientos, personal administrativo y alumnos, compartimos la misma misión y la misma espiritualidad.

Hermanos maristas junto con la comunidad educativa (Maestros, Padres de Familia y Alumnos) del Colegio Morelos queremos hacer una labor de Iglesia más como círculo que como pirámide. Nos resuena el reto que proponía Juan Pablo II:

“Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de comunión, si queremos ser fieles al designo deDios y responder también a las profundas esperanzas del mundo”.

Nuestra Iglesia tiene necesidad de esta profecía de la fraternidad: Laicos y Hermanos compartiendo la misión Marista de llevar el mensaje de salvación a nuestros alumnos y a nuestra Comunidad Educativa del Colegio Morelos de Tepatitilán.

Vivimos un momento clave para compartir y profundizar con audacia el carisma marista de San Marcelino, formando juntos una imagen de comunión en la Iglesia.

Un reto que nos lleva a escuchar la voz de nuestros alumnos a quienes servimos, a defender la vida humana y la naturaleza, a perfilar un nuevo rostro de hermanos y seglares a trabajar por un mundo sin fronteras y a ser hombres y mujeres de Dios viviendo una nueva época del CARISMA MARISTA.

¿QUÉ HACEMOS?

Marcelino Champagnat vivió entre los niños y los jóvenes, los amó entrañablemente y les dedicó todas sus energías. Como discípulos suyos nosotros también experimentamos una alegría especial al compartir nuestro tiempo y nuestra persona con ellos y al acompañarlos en su caminar.

Al fundar la Congregación Marista, Marcelino pensaba en ayudar a todos los niños y jóvenes, pero en especial a los menos favorecidos, a los que sufren carencias en la salud y en la vida familiar, a quienes tienen dificultades escolares o están desorientados. Este amor por los jóvenes es uno de los rasgos de identidad de nuestra misión marista.

UN ESTILO PROPIO

Nuestro estilo educativo se fundamenta en una visión realmente integral de la educación, que busca conscientemente comunicar valores. Hacemos nuestro el pensamiento del Fundador de que “Para educar bien a los niños hay que amarlos a todos por igual”.

Entre las características principales de nuestro estilo educativo podemos señalar:

a) Una presencia atenta y acogedora del educador, que favorece la confianza y el diálogo.
b) Sencillez en nuestra persona y en nuestras estructuras organizativas.
c) Ambiente de familia, que facilita las buenas relaciones y cada uno se siente como en casa.
d) Amor al trabajo y pedagogía del esfuerzo, como un medio de realización personal.
e) En toda nuestra actividad contamos con la presencia de María, según nuestro lema:

“Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús”.